Hay momentos en que crees que el día ya te ha brindado todo lo que debía brindarte. Orgulloso de tu tiempo o no, el día acaba, y toca esperar al mañana para un nuevo amanecer, un nuevo despertar, una nueva oportunidad.
Hoy, justo antes de dar por concluido mi día, un impulso involuntario ha desencadenado una pequeña cadena de sucesos que me han traído aquí, a estas líneas, casi un mes después.
Líneas que alumbran líneas, pensamientos que nutren vidas, sentimientos difíciles de catalogar. Estúpidas obviedades de la vida que te hacen pensar. Como que mientras tu vives los últimos compases de un Domingo, en otro lugar del mundo el Lunes ya es una realidad. No sólo vivimos en diferentes mundos, sino en diferentes tiempos. En diferentes planos. Hechos obvios que una noche te golpean suavemente el entendimiento, como si fuera la primera vez.
¿Qué se siente cuando alguien que no está acostumbrado a abrir su mundo al exterior decide que hará una excepción contigo?
“¿Sabes que eres una de las personas más increíbles que he conocido en mi vida?”
¿Cómo reacciona uno ante algo así?¿Se despierta algo en su interior?¿Cambia algo?
Imaginemos que hoy me ha tocado leerlo a mi. Escrito desde un Lunes para un Domingo que languidece. Yo he sentido responsabilidad.
Pero por cosas así, una noche de Domingo y una madrugada de Lunes pueden pasar de ser corrientes a tener un destello de belleza que quizá, marque alguna diferencia.
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